Por Armando García
Escritor y catedrático
No hay otras elecciones más democráticas y del más puro estilo Honduras que las militarizadas, montadas a contrapelo de negociaciones gringas y otros ardides grindios de los ilustres (sin lustre) miembros de nuestra dictadura de la "sucesión constitucional".
No hay duda: será la más votada contienda en la historia de Corruptonia -ejemplo para la humanidad- por las botas que botarán en la votación. Con tal sufragio apuntalaremos a los presidenciables dedocráticos y sus lamecaites escogidos por el cacicazgo de los partidos tradicionales, montados en el circo eleccionario, según el libreto que repite, cual loro en estaca, el usurpador: "que los candidatos nada tienen que ver" con el golpe, perdón, con la "sucesión", aunque, por encima y por bajeras, están hasta el gorro en la asonada beato-cachureca-líbero-militar de la Mara 28, o sea: golpistas de tomo y lomo por acción, omisión y financiación.
Hemos de ser discretos en el levantamiento de perfiles; en el hinchamiento de bondades donde no hay; en el maquillaje vendible y en el truqueo de encuestas favorecedoras. Démosles, a como dé lugar, cursos acelerados de oratoria; contratemos alabarderos y amanuenses que le solivianten la demagogia al discurso machacón y pulan lo cansino de la bayunca e insoportable verborrea.
Es menester crear la tabla de salvación, cuidar la espalda (de demandas y males futuros) y garantizar la legalización de la asonada que se acometió con sacrificio civil, intolerancia militar y sacrilegio religiosero en aquel funesto junio.
Por ello, en la inteligencia cuartelera del madrugón, hemos fabricado, sin discreción pero con alta tecnología punta, fotoshop y contaminación sónica, las concentraciones pueblerinas-video-preparadas, multiplicadas virtualmente... Y masivamente custodiar, con el prodigio bala en boca y el gatillo alegre del honor, la lealtad y el sacrificio de la gloriosa armada fuerza de tarea de la oligarquía y sus melindres, el carnaval de "la fiesta cívica" de las elecciones estilo Honduras.
Úrgenos dejar, a matacaballo (así es el asunto, caballeros, si estamos decididos a vivir en democracia), libres las aulas de revoltosos maestros, para que no echen de ver con su ubicuo ojo de pato (y nos agüen la fiesta) la ñurda del golpecito eleccionario que tenemos virtualmente montado.
Tomado de: Arlequín
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miércoles, 18 de noviembre de 2009
martes, 14 de julio de 2009
¡Uy, mami, viene el coco!
por Armando García
¡Afición de sol de todo el país, uníos! Un fantasma recorre Corruptonia: el fantasma universal de la diabólica cuarta urna melífera. Brincó su Eminencia Ilustrísima Reverendísima Preocupadísima echándole el agua bendita del vade retro Satán a la vil iniciativa. La Embajada gimoteó, rasgándose las vestiduras de gendarmes del mundo. Y el terco comandante vaquero, cual cuervo de Poe, repitiendo: “cuarta urna, nada más”.
Y los plutocráticos del estatus quo, fabricantes de miseria –dolidos en su recóndita calamidad maquilera– pegaron el grito al cielo ante los avances diabólicos del bigote que canta. Los trogloditas se atrincheraron en su pétrea posición al ver la chusma revuelta y resuelta. Los bebesaurios, los dinosaurios, los niños bien, el señorito de los chocoyos, el tarifado renacuajo de la tele, el alquilado melgargután de las treinta mil razones dominicales, los honorabilísimos quiebrabancos, los lameculos de las mineras, los “impolutos” del gasolinazo y otros bandazos, lobos de la misma loma y ratas del mismo piñal, en fin, esa pandilla de sátiros violadores sostenibles de la Carta Magna, dijeron al unísono: “¡Nones, este macho de la constitución es mi mula!” Y, el comandante avionero, cogió su guitarra, ripostando a lo ranchero: “¡No me amenacen, no me amenacen, cuarta urna, nada más.”
Y los analistas, los consultores; los derechosos, derechohabientes de los derechos humanos, el cártel de los sapos, de los papos y de los capos; los piloteadores de doña Blanca; los pastores de Jesupisto de la iglesia de los asaltos de los últimos días; los fogoneros de la guerra fría; los Caballeros de Suyapa cuando les conviene; el gallinero completo, pues, hincados, pidiendo, urgiendo, cabildeando tras los tenebrosos “cuartos oscuros de cortinas gruesas”, el bendito y urgente madrugón de algún chalado de las “gloriosas” Fuerzas Armadas contra la felonía “anticonstitucional” que pone en precario el quítate tú, para ponerme yo, caballeros redondos de la mesa cuadrada. Y el comaandante guitarrero, cual cigarra de la fábula o como el ratón vaquero de Cri-Crí, se montó en “Cofi”, se atusó el bigote, se zampó sus botas, se calzó el sombrero y les dijo a solas: “no hay retroceso, cuarta urna, nada más”.
Porque aquí, en esta tierra de pétreo saqueo, ¡oh, Plutarco!, ¡oh, Rodrigón!, aquello de que la Constitución es pura babosada y que se puede violar cuantas veces sea necesario funciona a la perfección cuando el mar sólo debe mojar el costillar del busero, del lobo, del canalero, de Rafles el monarca de la manos de seda, del reingeniero; de los chafas activos, en retiro, en retirada y en salmuera o las faldas del neo figurín pollito de granja, mandaderos obsequios de la cavernaria oligarquía. Caso contrario: pecado, garrote, madrugón y excomunión.
Tomado de: mimalapalabra
¡Afición de sol de todo el país, uníos! Un fantasma recorre Corruptonia: el fantasma universal de la diabólica cuarta urna melífera. Brincó su Eminencia Ilustrísima Reverendísima Preocupadísima echándole el agua bendita del vade retro Satán a la vil iniciativa. La Embajada gimoteó, rasgándose las vestiduras de gendarmes del mundo. Y el terco comandante vaquero, cual cuervo de Poe, repitiendo: “cuarta urna, nada más”.
Y los plutocráticos del estatus quo, fabricantes de miseria –dolidos en su recóndita calamidad maquilera– pegaron el grito al cielo ante los avances diabólicos del bigote que canta. Los trogloditas se atrincheraron en su pétrea posición al ver la chusma revuelta y resuelta. Los bebesaurios, los dinosaurios, los niños bien, el señorito de los chocoyos, el tarifado renacuajo de la tele, el alquilado melgargután de las treinta mil razones dominicales, los honorabilísimos quiebrabancos, los lameculos de las mineras, los “impolutos” del gasolinazo y otros bandazos, lobos de la misma loma y ratas del mismo piñal, en fin, esa pandilla de sátiros violadores sostenibles de la Carta Magna, dijeron al unísono: “¡Nones, este macho de la constitución es mi mula!” Y, el comandante avionero, cogió su guitarra, ripostando a lo ranchero: “¡No me amenacen, no me amenacen, cuarta urna, nada más.”
Y los analistas, los consultores; los derechosos, derechohabientes de los derechos humanos, el cártel de los sapos, de los papos y de los capos; los piloteadores de doña Blanca; los pastores de Jesupisto de la iglesia de los asaltos de los últimos días; los fogoneros de la guerra fría; los Caballeros de Suyapa cuando les conviene; el gallinero completo, pues, hincados, pidiendo, urgiendo, cabildeando tras los tenebrosos “cuartos oscuros de cortinas gruesas”, el bendito y urgente madrugón de algún chalado de las “gloriosas” Fuerzas Armadas contra la felonía “anticonstitucional” que pone en precario el quítate tú, para ponerme yo, caballeros redondos de la mesa cuadrada. Y el comaandante guitarrero, cual cigarra de la fábula o como el ratón vaquero de Cri-Crí, se montó en “Cofi”, se atusó el bigote, se zampó sus botas, se calzó el sombrero y les dijo a solas: “no hay retroceso, cuarta urna, nada más”.
Porque aquí, en esta tierra de pétreo saqueo, ¡oh, Plutarco!, ¡oh, Rodrigón!, aquello de que la Constitución es pura babosada y que se puede violar cuantas veces sea necesario funciona a la perfección cuando el mar sólo debe mojar el costillar del busero, del lobo, del canalero, de Rafles el monarca de la manos de seda, del reingeniero; de los chafas activos, en retiro, en retirada y en salmuera o las faldas del neo figurín pollito de granja, mandaderos obsequios de la cavernaria oligarquía. Caso contrario: pecado, garrote, madrugón y excomunión.
Tomado de: mimalapalabra
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Artículos y ensayos,
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